cuándo las personas empezamos a ver como natural respirar amontonados: dormir, comer, bañarnos unas encima de otras.
cuándo dejó de inquietarnos que decenas de pares de pies taconearan sobre nuestras cabezas; que muebles, agua, comida, barrigas, cemento, huesos, quilos y quilos de materia pendieran a unos metros sobre nosotros.
cuándo decidimos identificar como hogar nuestro aquel cubículo dentro de aquel piso dentro de aquel edificio dentro de esta ciudad.
y cuándo dejamos de darnos cuenta de que esos ruidos que te molestan - esos, sí, en este instante - son en realidad la voz de alguien, la cama de alguien, las sillas de alguien; son sus movimientos, sus quejidos, sus palabras. es su vida que transcurre en el piso de arriba: su vida que ingoras, y tu vida ignorada en el espacio de abajo.